Escrito por Jan Uve
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CD Recopilatorio "Piano para la Paz Interior"
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Durante mucho tiempo pensé que evolucionar como músico significaba aprender más. Componer mejor, tocar mejor, descubrir nuevos sonidos, encontrar nuevas formas de hacer las cosas. Hoy, curiosamente, siento que mi evolución está ocurriendo en una dirección diferente.
Cada vez necesito menos. Menos elementos, menos ruido, menos necesidad de demostrar. Y quizá esa sea la mejor manera que tengo de explicar dónde estoy ahora como artista.
HE TARDADO AÑOS EN ENTENDER QUÉ ESTABA BUSCANDO
Cuando miro hacia atrás y observo los cuatro álbumes que he publicado, empiezo a ver un camino que mientras lo recorría no era tan evidente. En 2019 publiqué Rebirth. Después llegó Now the Silence, en 2020, compuesto durante la pandemia.
Recuerdo especialmente el silencio de aquellos días. De repente desaparecieron los coches, las prisas, las conversaciones y gran parte del ruido que normalmente forma parte de nuestras ciudades. Aquella situación era terrible por muchas razones, pero en medio de todo aquello hubo algo que me hizo pensar: nunca había escuchado mi entorno de esa manera.
Por entonces tenía también muy presente una reflexión atribuida a Rumi que, en esencia, nos invita a escuchar el silencio porque también tiene mucho que decir. Creo que entonces empecé a comprender algo que todavía hoy continúa apareciendo en mi música: el silencio no es aquello que sucede cuando la música termina. También forma parte de ella.
En 2021 publiqué Touch and Sound. Allí el piano empezó a dialogar con otros instrumentos, aparecieron nuevas texturas y exploré otras posibilidades sonoras sin perder la intimidad que siempre había buscado. Y en 2024 llegó Solo Path (Camino Solitario), un álbum que habla también de algo que he ido aprendiendo con los años: hay momentos en los que tienes que aceptar tu propio camino, aunque no sea necesariamente el que los demás esperan de ti.
Ahora, cuando observo los cuatro títulos juntos, encuentro casi una historia escondida dentro de ellos: renacer, escuchar el silencio, explorar el sonido y recorrer tu propio camino. No creo que lo planificara. Simplemente ocurrió.
AHORA ME INTERESA MÁS LO QUE LA MÚSICA PROVOCA
Con el tiempo también ha cambiado mucho mi manera de componer. Antes prestaba mucha atención a la música en sí misma, a cómo estaba construida, a los sonidos, a los arreglos, a todo lo que podía hacer dentro de una composición. Todo eso sigue siendo importante, por supuesto, pero ahora hay algo que me interesa todavía más: qué sucede en la persona que está escuchando.
Cada vez pienso menos en una composición como algo que simplemente debe sonar bonito. La belleza sigue siendo fundamental para mí, pero quiero que esa belleza conduzca a algún lugar. Me interesa que la música pueda generar un pequeño cambio interior, una transformación emocional, aunque solo dure unos minutos.
Quizá alguien llega a una composición después de un día difícil y encuentra un poco de calma. Otra persona puede escucharla y recordar algo que tenía olvidado. Alguien puede sentirse acompañado, recuperar cierta esperanza o simplemente darse cuenta de que necesitaba parar. No puedo decidir cuál será esa transformación, porque cada persona llega a la música con su propia historia, pero sí puedo componer intentando crear un espacio donde esa transformación sea posible.
Esto ha cambiado bastante mi manera de entender mi trabajo. Ya no pienso únicamente: “¿Qué quiero expresar con esta composición?”. También me pregunto: “¿Cómo quiero que se sienta una persona después de haberla escuchado?”
Y ahí aparece algo que para mí se ha vuelto esencial. No me interesa solamente el estado emocional con el que alguien entra en mi música. Me interesa también el estado con el que sale.
Si durante unos minutos una persona consigue pasar del ruido a la calma, de la tensión a una cierta serenidad, de sentirse sola a sentirse acompañada, o simplemente vuelve a mirar su propia vida desde un lugar un poco diferente, entonces para mí la música ha hecho algo mucho más importante que sonar bien.
Por eso cada vez busco más la sencillez. No porque piense que la música sencilla sea necesariamente mejor, sino porque he descubierto que no necesito llenar una composición de elementos para transmitir algo. Necesito dejar suficiente espacio para que quien escucha pueda entrar en ella con sus propios recuerdos, emociones y experiencias.
Creo que ahí está una de las mayores transformaciones de mi manera de componer: ya no pienso solamente en la música que quiero crear. Pienso en la transformación emocional que esa música puede ayudar a provocar en quien la escucha.
HE DEJADO DE PENSAR EN QUIENES ME ESCUCHAN COMO UNA AUDIENCIA
Este probablemente sea otro de los grandes cambios de los últimos años. Los músicos hablamos constantemente de público, seguidores, oyentes, reproducciones y estadísticas. Es inevitable. Pero detrás de cada número siempre hay una persona.
Lo he comprendido especialmente a través de los mensajes que recibo. Hay personas que escuchan mi música mientras escriben, mientras contemplan un amanecer, cuando necesitan descansar o cuando simplemente quieren estar un rato a solas. Otras me han contado que alguna composición las ha acompañado durante un duelo o en momentos especialmente difíciles de sus vidas.
Y luego están esos mensajes aparentemente sencillos que dicen algo como: “Me has hecho parar durante unos segundos”. Para mí eso significa muchísimo. Vivimos en una época en la que parece que todo intenta conseguir nuestra atención y empujarnos hacia lo siguiente. Conseguir que alguien se detenga durante unos instantes me parece algo extraordinario.
Gracias a todos esos mensajes también he ido entendiendo mejor quién está al otro lado. Muchas son personas sensibles, personas que sienten profundamente y que quizá están tan cansadas como yo de un mundo que constantemente nos pide ir más rápido.
Poco a poco he dejado de sentir que simplemente publico música para una audiencia. Siento que estamos construyendo un lugar.
DE AHÍ NACIÓ PIANO PARA LA PAZ INTERIOR
Durante años compuse piezas sin pensar necesariamente que todas acabarían formando parte de una misma idea. Ahora veo claramente el hilo que las une: Piano para la Paz Interior.
No quiero que sea simplemente una etiqueta para describir mi música. Quiero que sea una intención. Que cuando alguien encuentre una composición mía sepa que durante unos minutos allí no tiene que hacer nada. No tiene que entenderla ni analizarla. Puede simplemente escuchar, respirar y continuar después con su día.
Cuanto más avanzo, más me doy cuenta de que quizá mi trabajo no consiste en añadir cosas a la vida de las personas, sino precisamente en quitar algunas durante unos minutos: el ruido, la prisa, las preocupaciones, las notificaciones, todo aquello que constantemente reclama nuestra atención.
Y dejar solamente la música y un poco de espacio.
Pero incluso la paz interior, para mí, empieza a significar algo más que simplemente relajarse. Puede ser el punto de partida para volver a escucharnos, recordar qué necesitamos, mirar algo de otra manera o recuperar una emoción que habíamos dejado escondida bajo todo ese ruido.
Por eso entiendo cada vez más mi música como un espacio de transformación emocional. No pretendo decirle a nadie qué debe sentir. Todo lo contrario. Intento crear las condiciones para que cada persona pueda encontrar algo propio dentro de ella.
DE LAS PANTALLAS A LOS ENCUENTROS REALES
Esta forma de entender la música es también lo que me llevó a crear los Encuentros de Piano y Paz Interior en vivo. Después de tantos años compartiendo composiciones a través de una pantalla, sentía la necesidad de comprobar qué ocurría cuando todos estábamos en la misma habitación.
Sin algoritmo, sin notificaciones y sin posibilidad de deslizar el dedo hacia el siguiente vídeo. Solamente personas, silencio y un piano.
Y algo que estoy descubriendo es que muchas personas no vienen únicamente a escuchar música. Creo que vienen buscando algo que cada vez cuesta más encontrar: un rato en el que nadie les pida nada. Un espacio donde simplemente puedan estar.
Por eso estos encuentros se están convirtiendo en una parte cada vez más importante de lo que quiero construir como artista. La música sigue siendo el centro, naturalmente, pero alrededor de ella empieza a existir algo más: un espacio compartido entre personas que quizá sienten y entienden el mundo de una manera parecida.
ENTONCES, ¿DÓNDE ESTOY AHORA?
Creo que estoy en un lugar muy diferente al que imaginaba cuando empecé. Después de tantos años haciendo música, cada vez estoy menos interesado en la música como finalidad. Me interesa la belleza, el silencio, la naturaleza y, sobre todo, lo que sucede dentro de una persona cuando durante unos minutos desaparece todo lo demás.
El piano es el lenguaje que he encontrado para acercarme a todo eso.
Por eso hay una frase que últimamente resume bastante bien dónde estoy como artista: “No decidí dedicar mi vida a la música. Decidí dedicarla a crear belleza, y la música fue el lenguaje que encontré para hacerlo.”
Pero hoy quizá añadiría algo más.
No quiero crear belleza solamente para que sea contemplada. Quiero que esa belleza pueda hacer algo dentro de nosotros.
Que nos calme cuando necesitamos calma. Que nos acompañe cuando necesitamos sentirnos acompañados. Que nos permita recordar, sentir, detenernos o mirar algo desde otro lugar. Que durante unos minutos nos lleve desde el lugar emocional en el que estábamos hacia otro un poco diferente.
No sé exactamente hacia dónde me llevará este camino y, curiosamente, tampoco necesito saberlo. Después de cuatro álbumes, de tantas horas delante de un piano y de tantos mensajes recibidos de personas de diferentes lugares del mundo, creo que por fin estoy empezando a entender qué busco cuando me siento a componer.
No quiero simplemente hacer música.
Quiero crear belleza capaz de transformar, aunque sea durante unos minutos, la manera en la que alguien se siente.
Y creo que ahí es exactamente donde estoy ahora como artista.
Jan Uve