Escrito por Jan Uve
¿Alguna vez has sentido que el mundo hacía demasiado ruido para ti?
No me refiero solo al ruido de los coches o de una ciudad.
También al de las prisas.
Las conversaciones cruzadas.
Los lugares llenos de gente.
La sensación de que todo ocurre demasiado deprisa.
Si alguna vez te has sentido así, quiero contarte algo.
Mucho antes de que existiera Jan Uve, estaba Juan.
Y Juan era un niño inquieto, con mucha energía, pero, sobre todo, profundamente sensible.
Durante muchos años pensé que aquello era simplemente una forma de ser.
Con el tiempo entendí que esa sensibilidad hacía que viviera algunas situaciones de una manera muy distinta a los demás.
Los lugares con mucho ruido me agotaban.
Las aglomeraciones me sobreestimulaban.
Y, aunque nunca supe explicarlo con palabras, había sitios donde sentía que no pertenecía.
Recuerdo que, siendo adolescente, muchos disfrutaban saliendo a discotecas.
Yo lo intentaba.
Pero nunca conseguía disfrutar de verdad.
Mientras otros parecían llenarse de energía, yo solo tenía ganas de marcharme.
Durante mucho tiempo pensé que el problema era mío.
Que quizá era demasiado sensible.
Demasiado diferente.
Hoy ya no lo veo así.
Con los años comprendí que no estaba huyendo del mundo.
Simplemente estaba buscando otro lugar donde respirar.
Un lugar con menos ruido.
Con menos prisa.
Con más silencio.
Y, curiosamente, fue ese camino el que terminó llevándome al piano.
No porque el piano resolviera todas mis preguntas.
Sino porque, por primera vez, encontré un espacio donde todo parecía ordenarse por dentro.
Mirando atrás, creo que Jan Uve no nació el día que publiqué mi primera composición.
Empezó mucho antes.
Empezó el día que dejé de intentar encajar en lugares donde nunca me sentía en paz y empecé a escuchar aquello que mi propia sensibilidad llevaba años intentando decirme.
Quizá por eso hoy compongo música para la paz interior.
Porque, mucho antes de escribir una sola nota, yo también necesitaba encontrar ese lugar.