Escrito por Jan Uve
Escucha y Descarga Mi Música
Jan Uve en Concierto
Mi Música en Spotify
CD Recopilatorio "Piano para la Paz Interior"
Únete a mi Lista de Correos
A veces pienso que una de las cosas más extrañas que nos ha ocurrido como sociedad es que hemos aprendido a necesitar demasiado. Demasiadas cosas, demasiados servicios, demasiadas experiencias, demasiadas novedades y demasiadas razones para sustituir algo que todavía funciona por otra cosa ligeramente mejor.
Y lo curioso es que el ser humano necesita bastante poco para vivir. Necesitamos alimento, refugio, descanso, afecto, sentirnos seguros, tener algún propósito y, quizá, un poco de belleza. El resto empieza a complicarse.
Nos enseñaron a desear antes de preguntarnos qué necesitábamos
Cada día alguien intenta convencernos de que nos falta algo. Una pantalla mejor, una casa más grande, una nueva suscripción, una experiencia que todavía no hemos vivido o un objeto que promete hacernos la vida más sencilla.
Y el problema no es tener cosas. A mí también me gustan algunas cosas. También compro, deseo y disfruto de aquello que hace mi vida más agradable. El problema comienza cuando dejamos de preguntarnos si realmente lo necesitamos.
Porque entonces ocurre algo paradójico: trabajamos más para conseguir cosas que supuestamente harán nuestra vida mejor, pero ese mismo esfuerzo nos deja con menos tiempo para disfrutar de la vida que queríamos mejorar. Acumulamos para sentirnos libres y terminamos necesitando cada vez más dinero para mantener aquello que hemos acumulado. Buscamos comodidad y acabamos construyendo dependencias.
Y casi sin darnos cuenta, algunas de las cosas que poseemos empiezan a poseernos a nosotros.
Soltar también es una forma de riqueza
Hay una idea que me interesa cada vez más: quizá ser rico no consista únicamente en poder comprar muchas cosas. Quizá exista otra forma de riqueza mucho menos visible: necesitar pocas.
Cuanto menos necesitas para sentirte bien, menos poder tiene el mundo exterior sobre ti. Necesitas demostrar menos, perseguir menos, compararte menos. No necesitas que cada año aparezca algo nuevo para sentir que tu vida está avanzando.
Y entonces aparece algo que para mí tiene un valor enorme: espacio. Espacio para pensar, para respirar, para escuchar y simplemente para estar.
Tal vez por eso me atrae tanto el piano
Un piano puede parecer un instrumento enorme, pero su lenguaje puede ser extraordinariamente sencillo. A veces basta una nota, después otra y, entre ellas, silencio.
No necesito llenar todos los espacios para sentir que algo está ocurriendo. De hecho, con los años he aprendido que muchas veces la emoción aparece precisamente cuando dejo espacio entre las notas.
Quizá con la vida ocurra algo parecido.
Nos han enseñado a llenar la casa, la agenda, la cabeza, el teléfono, los armarios y los fines de semana. Incluso hemos aprendido a llenar los silencios. Pero pocas veces nos enseñan a vaciar.
Y quizá algunas de las cosas más importantes solo aparecen cuando dejamos suficiente espacio para que puedan entrar. La calma necesita espacio. La belleza necesita espacio. La música necesita espacio. Nosotros también.
No se trata de renunciar a todo
No creo que haya que marcharse a una montaña, desprenderse de todas nuestras pertenencias y vivir con tres objetos. La cuestión es mucho más sencilla: mirar nuestra vida de vez en cuando y preguntarnos cuánto de lo que consideramos necesario lo es realmente.
¿Cuántas de las cosas que deseo nacieron verdaderamente de mí y cuántas porque alguien consiguió convencerme de que las necesitaba? ¿Cuánto de mi tiempo estoy entregando para conseguir, pagar, mantener o sustituir cosas que apenas contribuyen a mi bienestar?
Son preguntas incómodas porque soltar cuesta. Incluso aquello que no necesitamos puede proporcionarnos una extraña sensación de seguridad.
Pero cada vez estoy más convencido de que simplificar no significa tener una vida más pequeña. Puede significar exactamente lo contrario: una vida con menos cosas, pero con más espacio para vivirla.
Quizá ya tienes mucho de lo que estabas buscando
Hay días en los que pienso que hemos convertido la felicidad en algo que siempre está un poco más adelante. Cuando tenga esto. Cuando consiga aquello. Cuando pueda permitirme lo otro. Siempre parece faltar una pieza.
Y mientras perseguimos esa pieza podemos olvidar algo bastante sencillo: quizá una parte importante de aquello que necesitamos ya está aquí.
Una conversación, una ventana abierta, un paseo, una persona querida, un amanecer, unos minutos sin hacer nada, una melodía o simplemente un poco de silencio.
Tal vez la paz interior no consista en conseguir finalmente todo aquello que creemos necesitar. Tal vez consista en descubrir cuánto de ello nunca necesitamos.
Y quizá ahí empieza una forma diferente de libertad. Cuando dejamos de preguntarle constantemente a la vida qué más puede darnos y empezamos a darnos cuenta de todo lo que ya estaba allí.
A veces no necesitamos añadir nada para sentirnos más completos. A veces necesitamos quitar.
Jan Uve