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Juan Sánchez Music - Pianista y Compositor

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¿Por Qué Tantos Músicos Abandonan?

Escrito por Jan Uve

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Llevo bastante tiempo hablando con músicos y hay una situación que se repite más de lo que imaginaba. Algunos están empezando, otros llevan varios años publicando canciones, compartiendo vídeos o intentando encontrar un público para su música, pero muchos terminan llegando a una conclusión parecida: «Esto no está funcionando».

A veces llegan a esa conclusión después de publicar unas cuantas canciones. O porque llevan varios meses compartiendo contenido en las redes sociales y apenas han conseguido seguidores. O porque entran en Spotify y descubren que sus canciones tienen muchas menos escuchas de las que esperaban. Poco a poco aparece la duda y, con ella, una pregunta que puede acabar siendo muy difícil de apartar: ¿merece la pena continuar?

He pensado muchas veces en esto, porque me llama la atención la cantidad de músicos con talento que empiezan un proyecto llenos de ilusión y, pasado un tiempo, comienzan a perderla. No necesariamente porque hayan dejado de amar la música. Tampoco porque hayan descubierto que aquello no era para ellos. Muchas veces ocurre algo mucho más sencillo: los resultados que esperaban no han llegado.

Y lo entiendo perfectamente.

Vivimos en una época en la que prácticamente todo lo que hacemos puede medirse. Publicamos una canción y unas horas después podemos saber cuántas personas la han escuchado. Subimos un vídeo y enseguida conocemos sus visualizaciones, los comentarios que ha recibido, cuántos seguidores nos ha proporcionado e incluso en qué momento la gente ha dejado de verlo. Abrimos Spotify for Artists y aparecen nuestros oyentes mensuales. Entramos en YouTube y vemos nuestros suscriptores. Instagram nos dice cuál ha sido nuestro alcance.

Nunca los músicos habíamos tenido tanta información sobre lo que ocurre con nuestra música. Y, sin embargo, no estoy seguro de que toda esa información nos esté ayudando siempre. A veces pienso que sucede exactamente lo contrario, porque nos ha acostumbrado a esperar una respuesta inmediata a prácticamente todo lo que hacemos.

Publicamos algo y miramos qué ha ocurrido. Volvemos a mirar unas horas después. Al día siguiente comprobamos otra vez los números. Y, casi sin darnos cuenta, empezamos a confundir dos cosas que no son necesariamente lo mismo: los resultados y el progreso.

Quizá ahí se encuentre una de las razones por las que tantos músicos terminan abandonando demasiado pronto.

Hay cosas que crecen antes de que podamos verlas

Hace nueve años empecé mi proyecto de música de piano. Cuando miro hacia atrás me doy cuenta de que muchas de las cosas que forman parte de él actualmente ni siquiera existían entonces. Yo tampoco tenía completamente claro hacia dónde iba. No conocía a mi audiencia como la conozco ahora, no entendía muchas de las cosas que he ido aprendiendo sobre comunicación y tampoco había encontrado todavía las palabras con las que hoy puedo explicar qué significa para mí hacer música.

Lo que sí sabía era que quería hacerla.

Así que continué.

Durante estos nueve años el proyecto ha ido creciendo poco a poco. No recuerdo ningún momento concreto en el que todo cambiara de repente. Nunca hubo una mañana en la que me despertara y pensara: «Ahora sí, ya funciona». La sensación ha sido mucho más parecida a observar cómo crece un árbol. Si lo miras hoy y vuelves mañana, probablemente te parecerá exactamente igual. Si regresas una semana después quizá tampoco notes una gran diferencia. Pero cuando pasan los años y vuelves a mirar aquel árbol, descubres que ya no es el mismo.

Creo que muchos proyectos artísticos crecen de esa manera. El problema es que nosotros queremos desenterrar las raíces cada pocos días para comprobar si están creciendo.

Y quizá esa sea una de las grandes dificultades de crear en el mundo actual. Queremos obtener resultados de largo plazo con acciones de corto plazo.

Publicamos diez vídeos y queremos saber si nuestra estrategia funciona. Lanzamos dos o tres canciones y empezamos a preguntarnos si existe realmente un público para nuestra música. Llevamos seis meses desarrollando un proyecto y buscamos señales que nos confirmen que estamos avanzando. Cuando esas señales no aparecen, empezamos a pensar que quizá deberíamos cambiar de estilo, iniciar otro proyecto o simplemente dejarlo.

Pero seis meses pueden ser muy poco tiempo. Incluso un año puede ser poco cuando estás intentando construir algo artístico, porque no estás fabricando únicamente un producto. También estás desarrollando una identidad, y eso necesita tiempo.

Necesitas equivocarte. Necesitas publicar cosas que quizá dentro de unos años ya no te representen. Necesitas descubrir qué haces especialmente bien y qué deberías mejorar. Necesitas aprender a comunicar lo que haces, encontrar a las primeras personas que conecten verdaderamente con tu música y comprender poco a poco qué puede diferenciarte de los miles de artistas que también están intentando ser escuchados.

Y, sobre todo, necesitas tiempo para convertirte en el artista que todavía no eres.

Quizá al principio no estás construyendo una audiencia

Cuando comenzamos un proyecto musical solemos pensar que nuestro objetivo principal es conseguir oyentes. Queremos más reproducciones, más seguidores, más personas viendo nuestros vídeos. Es comprensible, porque son las señales más visibles de que algo está creciendo.

Pero durante ese mismo periodo está ocurriendo otra cosa mucho más difícil de medir: también estamos creciendo nosotros.

Estamos desarrollando criterio, aprendiendo a terminar canciones, descubriendo qué tipo de artista queremos ser y entendiendo qué decisiones funcionan y cuáles no. Vamos perdiendo algunos miedos, adquiriendo experiencia, construyendo un catálogo y encontrando poco a poco nuestra propia voz.

Todo eso también es progreso, aunque ninguna plataforma pueda mostrarlo en una gráfica.

Spotify no tiene una estadística que diga que este año entiendes mucho mejor quién eres como artista. Instagram no te envía una notificación para decirte que los últimos cincuenta vídeos que has publicado te han permitido encontrar una forma de comunicar que hace un año todavía no tenías. YouTube tampoco puede medir cuánto has crecido como compositor.

Y, sin embargo, quizá esas sean precisamente algunas de las cosas más importantes que están ocurriendo en tu carrera.

Durante mucho tiempo pueden ser invisibles. Ahí está el problema. Nos hemos acostumbrado tanto a medir el progreso mediante números que, cuando algo no puede medirse, tenemos la sensación de que no existe.

No creo que debamos ignorar las estadísticas. Yo también las miro y trato de aprender de ellas. Si hago algo muchas veces y nunca funciona, me parece lógico detenerme y preguntarme qué podría hacer mejor. Si una canción conecta especialmente con la gente, quiero intentar comprender qué ha sucedido. Los datos pueden enseñarnos muchísimo.

El problema comienza cuando dejamos de utilizarlos como información y empezamos a utilizarlos como un juicio sobre nosotros mismos.

Una canción tiene pocas escuchas y pensamos que nuestra música no es suficientemente buena. Un vídeo apenas consigue visualizaciones y concluimos que a nadie le interesa lo que hacemos. Tenemos pocos seguidores y empezamos a creer que nuestro proyecto está fracasando.

Una cifra no puede decirnos todo eso. Solamente nos está mostrando lo que ha ocurrido en unas circunstancias determinadas y en un momento determinado. No puede decirnos qué ocurrirá dentro de tres años, ni puede medir por completo el valor de lo que hemos creado.

Una estadística es una fotografía. Una carrera artística se parece mucho más a una película. No tiene demasiado sentido juzgar toda la historia mirando únicamente uno de sus fotogramas.

El problema de mirar constantemente lo que hacen los demás

A todo esto se suma algo que hace unas décadas un músico no experimentaba de la misma manera: ahora vemos constantemente los resultados de otras personas.

Entramos en Instagram y encontramos a alguien celebrando que acaba de alcanzar un millón de reproducciones. Abrimos Spotify y vemos artistas con cientos de miles de oyentes mensuales. En YouTube alguien explica cómo consiguió miles de seguidores en pocos meses. Después cerramos esas aplicaciones, miramos nuestros propios números y la comparación aparece casi inevitablemente.

Lo curioso es que estamos comparando nuestros resultados con historias de las que sabemos muy poco. No sabemos cuánto tiempo lleva trabajando esa persona, cuántos proyectos tuvo anteriormente, cuántas canciones publicó antes de que una funcionara, cuánto dinero ha invertido, qué equipo tiene detrás o cuántas veces estuvo a punto de abandonar.

Vemos el resultado, pero no vemos el proceso. Y después utilizamos ese resultado para juzgar nuestro propio proceso.

Creo que esta comparación constante puede hacer mucho daño a un proyecto que todavía está creciendo. No porque debamos conformarnos con cualquier resultado, sino porque empezamos a exigir a nuestro primer o segundo año lo que quizá otra persona ha tardado diez en construir.

También creo que internet ha alterado nuestra percepción de las cantidades. Cien personas nos parecen pocas porque estamos acostumbrados a leer cifras de millones. Pero imaginemos por un momento que esas cien personas que han escuchado nuestra canción estuvieran físicamente delante de nosotros, dentro de una habitación. Probablemente dejarían de parecernos tan pocas.

Y ahora imaginemos que diez de ellas regresan unos días después porque quieren escuchar otra canción. Quizá todavía no podamos vivir de nuestra música y quizá nuestro proyecto siga siendo muy pequeño, pero algo importante ha empezado a ocurrir: existe una conexión.

Cada vez pienso más en esa diferencia. Una persona que escucha una canción una vez puede convertirse en una reproducción dentro de una estadística. Una persona que regresa porque aquello que hacemos significa algo para ella es algo completamente diferente. Las carreras artísticas no se construyen únicamente acumulando números. También se construyen acumulando relaciones.

Continuar no significa quedarse quieto

Hay algo que también me parece importante aclarar cuando hablamos de perseverancia. Continuar no significa hacer exactamente lo mismo durante diez años esperando que algún día, por algún motivo misterioso, empiece a funcionar.

Creo profundamente en la constancia, pero también en observar, aprender, probar, equivocarse y cambiar.

Mi proyecto tampoco ha sido exactamente el mismo durante estos nueve años. Yo no soy el mismo músico que cuando empecé. He cambiado mi manera de comunicar, he aprendido mucho sobre las personas que escuchan mi música y he ido entendiendo mejor qué lugar puede ocupar lo que hago en sus vidas. He probado ideas que no han funcionado y otras que me han abierto caminos que hace unos años ni siquiera sabía que existían.

Para mí, perseverar significa permanecer el tiempo suficiente como para poder aprender.

Hay una gran diferencia entre abandonar una estrategia y abandonar una dirección. Podemos cambiar nuestra manera de publicar, nuestra comunicación, los formatos que utilizamos o la forma en que presentamos una canción. Podemos experimentar cien veces. Lo importante es ir descubriendo qué parte de nuestro proyecto queremos conservar incluso mientras todo lo demás cambia.

Porque cuando algo no funciona, quizá no sea el proyecto lo que tenemos que abandonar. A veces lo que tenemos que abandonar es simplemente la manera en la que lo estamos intentando.

¿Y si mañana desaparecieran los números?

Hay una pregunta que me parece interesante.

¿Qué ocurriría si mañana Spotify dejara de mostrar las reproducciones, Instagram ocultara los seguidores y YouTube eliminara el contador de visualizaciones?

¿Cómo sabríamos entonces si estamos avanzando?

Probablemente empezaríamos a hacernos preguntas diferentes. Nos preguntaríamos si estamos haciendo mejor música que hace un año, si tenemos más claro quiénes somos, si lo que estamos creando realmente nos representa, si existen personas que esperan nuestra próxima canción, si hemos aprendido algo durante los últimos meses o si seguimos teniendo curiosidad por descubrir hasta dónde puede llegar nuestro proyecto.

Quizá esas preguntas nos ayudarían a recuperar algo que las métricas no pueden medir: la dirección.

Porque podemos avanzar lentamente y estar caminando exactamente hacia el lugar al que queremos llegar. Y también podemos avanzar muy deprisa en una dirección que no tiene absolutamente nada que ver con nosotros.

La velocidad no siempre significa progreso.

Han pasado nueve años desde que empecé mi proyecto de música de piano y todavía sigo aprendiendo. De hecho, creo que esa es una de las cosas que más me gustan de todo esto. Sigo probando ideas, intentando comprender mejor a las personas que escuchan mi música, descubriendo nuevas maneras de comunicar y teniendo cosas que funcionan junto a muchas otras que no.

Pero cuando miro hacia atrás hay algo que tengo bastante claro: muchas de las cosas que existen hoy no habrían ocurrido si hubiera exigido resultados inmediatos al proyecto que estaba empezando entonces.

El proyecto necesitaba tiempo.

Y yo también.

Necesitaba tiempo para entenderlo, para equivocarme, para descubrir hacia dónde quería llevarlo y para crecer dentro de él.

Por eso, cuando hablo con músicos que llevan unos meses o unos pocos años intentándolo y sienten que quizá deberían abandonar porque todavía no están viendo resultados, intento recordarles algo que yo mismo he tenido que aprender durante todo este camino.

No sé cuánto tardará un proyecto en crecer. Nadie puede saberlo. Tampoco creo en esa idea romántica de que basta con perseverar y trabajar duro para que inevitablemente llegue el éxito. No funciona así. Podemos trabajar durante años y no obtener los resultados que esperábamos.

Pero tampoco deberíamos interpretar automáticamente la ausencia de resultados inmediatos como una señal de fracaso.

A veces simplemente significa que todavía es pronto.

Y creo que esa es una de las respuestas a la pregunta que da título a este artículo. Muchos músicos no abandonan necesariamente porque no tengan talento o porque su proyecto no pueda funcionar. Algunos abandonan porque pasan demasiado tiempo mirando unos resultados que todavía no han tenido tiempo de llegar.

Los comienzos suelen ser bastante silenciosos. Hay poca gente mirando, pocos aplausos y muy pocas confirmaciones externas de que estamos haciendo lo correcto. Sin embargo, precisamente durante ese periodo pueden estar construyéndose las cosas que algún día sostendrán todo lo demás: nuestro criterio, nuestra disciplina, nuestro catálogo, nuestra identidad, nuestra capacidad para levantarnos después de una decepción, nuestra relación con las personas que nos escuchan y, quizá lo más importante, nuestra propia voz.

Después de nueve años he aprendido que algunas de las cosas que más merece la pena construir pasan mucho tiempo creciendo sin hacer ruido.

Pero eso no significa que debamos quedarnos esperando.

Entonces, ¿qué podemos hacer?

Llegados a este punto, quizá algún músico que esté leyendo esto piense: todo esto está muy bien, pero ¿qué hago mañana? ¿Cómo puedo seguir avanzando si los resultados todavía no están llegando?

Mi respuesta sería bastante sencilla: aprende.

Si hay algo que estos años también me han enseñado es que una carrera musical no se construye únicamente haciendo música. Creo que una de las mejores decisiones que puede tomar un músico que quiere desarrollar un proyecto a largo plazo es intentar comprender cada vez mejor el mundo en el que ha decidido moverse.

Durante mucho tiempo hemos tenido una visión bastante romántica de la carrera musical. Parecía que nuestra responsabilidad terminaba prácticamente cuando acabábamos una buena canción. Componer, grabar, publicar y esperar que alguien la descubriera.

Pero hoy las cosas son diferentes.

Si quieres que tu música llegue a otras personas, probablemente tendrás que aprender también a comunicarla. Tendrás que entender mínimamente cómo funcionan las plataformas en las que la publicas, cómo presentar una canción, cómo contar una historia, cómo crear un vídeo que consiga que alguien se detenga unos segundos, cómo construir una relación con las personas que empiezan a escucharte y, en definitiva, cómo funciona el negocio en el que estás intentando desarrollar tu carrera.

Yo sigo aprendiendo todo esto.

Después de nueve años sigo leyendo libros, estudiando, observando lo que hacen otros artistas, probando nuevas formas de comunicar y tratando de comprender por qué algunas ideas funcionan y otras no. Y cuanto más aprendo, más consciente soy de todo lo que todavía desconozco.

Por eso, si ahora mismo sientes que tu proyecto está estancado, quizá una pregunta mucho más útil que «¿por qué no tengo más seguidores?» sea: «¿Qué necesito aprender para hacer mejor lo que estoy haciendo?».

Quizá necesitas aprender a hacer mejores vídeos. A lo mejor tus canciones son buenas, pero todavía no has encontrado una manera interesante de presentarlas. Tal vez necesitas mejorar tu forma de comunicar, comprender mejor quién puede conectar con tu música o aprender más sobre marketing musical. Puede que necesites estudiar composición, producción, interpretación, directos, creación de contenido o simplemente entender mejor cómo funciona la industria.

Busca libros. Haz cursos cuando encuentres alguno que realmente pueda ayudarte. Escucha entrevistas. Investiga. Observa cómo trabajan otros artistas, no para copiarlos, sino para intentar comprender qué puedes aprender de ellos.

Y, si tienes la posibilidad, intenta acercarte a personas que ya hayan recorrido parte del camino que tú quieres recorrer.

Habla con otros músicos. Busca mentores. Si puedes acceder a algún artista que esté en un lugar parecido a aquel al que te gustaría llegar, pregúntale cómo llegó hasta allí. Qué errores cometió. Qué haría diferente si empezara hoy. Qué cosas le llevaron años comprender.

Evidentemente, no siempre podremos sentarnos a tomar un café con las personas de las que nos gustaría aprender. Pero vivimos en una época extraordinaria también en este sentido. Muchos de los mejores profesionales del mundo han dejado una parte enorme de lo que saben en libros, entrevistas, conferencias, podcasts y cursos. Nunca habíamos tenido acceso a tanto conocimiento.

Aunque aquí también existe un peligro: convertir el aprendizaje en otra forma de no actuar.

Puedes leer veinte libros sobre marketing musical y aprender menos que publicando veinte vídeos, observando lo que ocurre e intentando mejorar el siguiente. Puedes hacer muchos cursos sobre redes sociales y continuar sin comprender a tu audiencia si nunca hablas con las personas que están al otro lado.

El aprendizaje necesita encontrarse con la práctica.

Aprendes algo y lo pruebas. Observas qué sucede. Te equivocas. Intentas comprender por qué. Cambias alguna cosa y vuelves a intentarlo. Después vuelves a aprender.

Ese ciclo, repetido durante años, me parece muchísimo más poderoso que buscar constantemente una fórmula que nos prometa resultados rápidos.

Por eso no creo que el mejor consejo para un músico sea simplemente «ten paciencia».

Prefiero hablar de paciencia activa.

Dale tiempo a tu proyecto, sí, pero utiliza ese tiempo. Conviértete en un músico más preparado. Aprende a comunicar mejor. Conoce tu negocio. Escucha a las personas que saben más que tú. Experimenta. Equivócate. Analiza. Vuelve a probar.

No esperes nueve años haciendo exactamente lo mismo.

Haz que dentro de nueve años sepas muchísimo más que hoy.

Quizá no puedas controlar cuándo llegará una oportunidad, cuándo una canción encontrará a las personas adecuadas o cuándo tu proyecto empezará a crecer de una manera más visible. Pero sí puedes decidir qué músico quieres ser cuando ese momento llegue.

Así que, si tus resultados todavía son pequeños, intenta que tu aprendizaje sea enorme.

Y continúa.

Jan Uve

10/08/2026

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"Con mis composiciones de piano, mi objetivo es ofrecerte un refugio de paz interior. Cada melodía está diseñada para ser un abrazo sonoro que te invite a encontrar tranquilidad y armonía en tu propio ser." - Jan Uve (Pianista y Compositor)

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